25 abril, 2012

Bienvenidos a los que glorifican sus guardaropas,
los que adoran a sus aparatos telefónicos
a los que temen al arrepentimiento

Bienvenidos a los esclavos de la moda
ustedes que con lo que cuesta lo que se ponen en los pies podrían hacer que algunos descalzos caminaran

Bienvenidos a ustedes,
que se han olvidado de las espinas
y de las rocas...


05 abril, 2012

Para escribir hay que escribir II

¿Qué he hecho desde que nací? Cuántas veces he tratado de responder esta pregunta, yendo a todos los rincones de los engañosos recuerdos que me han apuñalado hasta el punto de querer borrarme. ¿Qué he hecho con mis manos, si realmente no sé para qué sirven? ¿Qué he hecho con mi boca si no he dicho nada que valga la pena? Que yo recuerde mi presencia en la tierra no le ha cambiado la vida a nadie, ni siquiera a mí misma.
         Ninguna persona me recuerda en este momento. Yo recuerdo a 20 personas diarias. Conocidos, no conocidos, da igual, los invento y me los aprendo.
         Solamente vivo si charlo con algún escritor (en su mayoría muertos), hago el amor con algún músico o lloro a cántaros por cualquier huella que deje en mí un director de cine. Así que realmente no he vivido tanto, ni siquiera bastante como para resignarme a morir.
         ¿Qué he hecho desde que nací, entonces, si no he vivido todos los minutos y la mayoría de éstos he estado inerte en alguna parte de un rincón desolado por la lluvia de una estación que no recuerdo? He amado.
         He amado con los ojos, con la boca, con las manos, con la lengua, con mi cabello. He amado con las uñas de los pies y de las manos, con mis cicatrices. He amado con mi estómago y con mis rodillas. He muerto 13,548 veces de amor y 13,540 por amor. Amor a todo, y ahí me quedo estancada haciendo las cosas por puro amor; un amor grande, intenso, redondo, canicular, un amor amarillo que hace que cierres los ojos y que vomites.

Para escribir hay que escribir I

Cielo raso en el paso de mi brazo
contingencia de distancias esperando, esperando
y no vienes
y no vendrás
atascamiento en mis narices
pero sigues fluyendo en mis venas.

Te das paso
                te das paso.
Yo te abro
               yo te abro.

Recuerda: Vez con el cerebro no con los ojos.
                Tocas con el cerebro no con los brazos
                Olfateas con el cerebro no con la nariz
               
                Mientes con la lengua no con el cerebro.
                Piensas con los dientes no con la mente.

28 marzo, 2012

Tierra caliente

                                                         ''Ojalá que la tierra no te bese los pasos''.
                                                                                              Silvio Rodríguez.


Qué secos tiene los labios la tierra,
ásperos.
Llenos de fuegos,
partidos.

Mis pies tienen su amor
y los va lamiendo

Voy cuidando mis pasos de sus besos
y esperando que ojalá no se le antoje babear mi cabeza
o morder mis rodillas.

26 marzo, 2012

De cutáneo

Esta vez comenzaré con las uñas,
rascando, moliendo,
sangrando.
destrozaré la epidermis
la que lleva tus huellas.

Tajamar para la dermis
dando en el punto
daga perfecta para tu perfume.

En cuando a la hipodermis
capa maldita
¡seguramente seguirá tu rastro!

Mi piel traicionera
a la que acostumbré a tu roce
a la que no acostumbré a mi amor.

19 marzo, 2012

A ego

Ven,
no olvides apagar las luces
que nos regresan la vergüenza.
Olvidaremos todo,
así que deja que te recorra
que te aprenda con la lengua
desbordantes orgasmos corriendo por mi boca.
¿Por qué no?
Coagulación de tu alma
purificación de la mía,
eso eres, la nada
eres la nada, mi nada
mi nada en que nado
en que me diluyo estruendosa
terminando en donde tu lo haces
me haces cursiva, con tus simples uñas,
tu esmerada carne
vivo para adorarla
para soñar el día en que pueda comer de ella.
Ahora te lo haré todo,
en la oscuridad.

Así que ven,
no olvides apagar las luces.

15 marzo, 2012

Confesional.

Declaración del señor asiento 5 (pasillo):

No podría haber oído nada. Recuerdo haber subido al camión y verla a ella primero. La chica del asiento  7  (pasillo), era como si brillara.
      Una mujer de unos 25 años, delgada, blanquísima, con ojos negros y muy grandes, nariz puntiaguda, piernas torneadas. Su olor fue primero que percibí al abordar el transporte. Decidí sentarme en frente para poder admirarla, tal vez con suerte descubrir su mirada en la mía, y aprovechar para hacer algo seductor, levantar un poco la ceja, usted sabe para hacerlo interesante.
      No podría haber oído nada, mis oídos se desconectaron para abrirle paso a mis ojos. Nunca escuché el asalto del que me hablan, sólo supe de eso cuando me encontré a mí mismo sin billetera y, como si eso no bastara, al momento de descubrirlo fue más mi angustia por que no iba a poder anotar el número de la chica que por la cartera que algún lejano día me la había obsequiado mi padre. Lo próximo que viene a mi mente después de apreciarla es la amargura que me causo verla, asustada, bajando del camión y pensar que no pude hacer nada por encontrar sus ojos. En todo el camino no volteé a ver a nadie más.

Declaración de la señora asiento 8 (ventana):

      Durante el asalto era como si yo no estuviera ahí. Como si supiera que las miradas alimentan al alma y la mía era oscura. Todo era oscuro en ese momento, estaba guardada allá lejos, en un cajón en tinieblas. Era opacada, no era nada. No recuerdo nada. Es como si en ese momento no hubiera existido.