''Ojalá que la tierra no te bese los pasos''.
Silvio Rodríguez.
Qué secos tiene los labios la tierra,
ásperos.
Llenos de fuegos,
partidos.
Mis pies tienen su amor
y los va lamiendo
Voy cuidando mis pasos de sus besos
y esperando que ojalá no se le antoje babear mi cabeza
o morder mis rodillas.
28 marzo, 2012
26 marzo, 2012
De cutáneo
Esta vez comenzaré con las uñas,
rascando, moliendo,
sangrando.
destrozaré la epidermis
la que lleva tus huellas.
Tajamar para la dermis
dando en el punto
daga perfecta para tu perfume.
En cuando a la hipodermis
capa maldita
¡seguramente seguirá tu rastro!
Mi piel traicionera
a la que acostumbré a tu roce
a la que no acostumbré a mi amor.
rascando, moliendo,
sangrando.
destrozaré la epidermis
la que lleva tus huellas.
Tajamar para la dermis
dando en el punto
daga perfecta para tu perfume.
En cuando a la hipodermis
capa maldita
¡seguramente seguirá tu rastro!
Mi piel traicionera
a la que acostumbré a tu roce
a la que no acostumbré a mi amor.
19 marzo, 2012
A ego
Ven,
no olvides apagar las luces
que nos regresan la vergüenza.
Olvidaremos todo,
así que deja que te recorra
que te aprenda con la lengua
desbordantes orgasmos corriendo por mi boca.
¿Por qué no?
Coagulación de tu alma
purificación de la mía,
eso eres, la nada
eres la nada, mi nada
mi nada en que nado
en que me diluyo estruendosa
terminando en donde tu lo haces
me haces cursiva, con tus simples uñas,
tu esmerada carne
vivo para adorarla
para soñar el día en que pueda comer de ella.
Ahora te lo haré todo,
en la oscuridad.
Así que ven,
no olvides apagar las luces.
no olvides apagar las luces
que nos regresan la vergüenza.
Olvidaremos todo,
así que deja que te recorra
que te aprenda con la lengua
desbordantes orgasmos corriendo por mi boca.
¿Por qué no?
Coagulación de tu alma
purificación de la mía,
eso eres, la nada
eres la nada, mi nada
mi nada en que nado
en que me diluyo estruendosa
terminando en donde tu lo haces
me haces cursiva, con tus simples uñas,
tu esmerada carne
vivo para adorarla
para soñar el día en que pueda comer de ella.
Ahora te lo haré todo,
en la oscuridad.
Así que ven,
no olvides apagar las luces.
15 marzo, 2012
Confesional.
Declaración del señor asiento 5 (pasillo):
No podría haber oído nada. Recuerdo haber subido al camión y verla a ella primero. La chica del asiento 7 (pasillo), era como si brillara.
Una mujer de unos 25 años, delgada, blanquísima, con ojos negros y muy grandes, nariz puntiaguda, piernas torneadas. Su olor fue primero que percibí al abordar el transporte. Decidí sentarme en frente para poder admirarla, tal vez con suerte descubrir su mirada en la mía, y aprovechar para hacer algo seductor, levantar un poco la ceja, usted sabe para hacerlo interesante.
No podría haber oído nada, mis oídos se desconectaron para abrirle paso a mis ojos. Nunca escuché el asalto del que me hablan, sólo supe de eso cuando me encontré a mí mismo sin billetera y, como si eso no bastara, al momento de descubrirlo fue más mi angustia por que no iba a poder anotar el número de la chica que por la cartera que algún lejano día me la había obsequiado mi padre. Lo próximo que viene a mi mente después de apreciarla es la amargura que me causo verla, asustada, bajando del camión y pensar que no pude hacer nada por encontrar sus ojos. En todo el camino no volteé a ver a nadie más.
Declaración de la señora asiento 8 (ventana):
Durante el asalto era como si yo no estuviera ahí. Como si supiera que las miradas alimentan al alma y la mía era oscura. Todo era oscuro en ese momento, estaba guardada allá lejos, en un cajón en tinieblas. Era opacada, no era nada. No recuerdo nada. Es como si en ese momento no hubiera existido.
No podría haber oído nada. Recuerdo haber subido al camión y verla a ella primero. La chica del asiento 7 (pasillo), era como si brillara.
Una mujer de unos 25 años, delgada, blanquísima, con ojos negros y muy grandes, nariz puntiaguda, piernas torneadas. Su olor fue primero que percibí al abordar el transporte. Decidí sentarme en frente para poder admirarla, tal vez con suerte descubrir su mirada en la mía, y aprovechar para hacer algo seductor, levantar un poco la ceja, usted sabe para hacerlo interesante.
No podría haber oído nada, mis oídos se desconectaron para abrirle paso a mis ojos. Nunca escuché el asalto del que me hablan, sólo supe de eso cuando me encontré a mí mismo sin billetera y, como si eso no bastara, al momento de descubrirlo fue más mi angustia por que no iba a poder anotar el número de la chica que por la cartera que algún lejano día me la había obsequiado mi padre. Lo próximo que viene a mi mente después de apreciarla es la amargura que me causo verla, asustada, bajando del camión y pensar que no pude hacer nada por encontrar sus ojos. En todo el camino no volteé a ver a nadie más.
Declaración de la señora asiento 8 (ventana):
Durante el asalto era como si yo no estuviera ahí. Como si supiera que las miradas alimentan al alma y la mía era oscura. Todo era oscuro en ese momento, estaba guardada allá lejos, en un cajón en tinieblas. Era opacada, no era nada. No recuerdo nada. Es como si en ese momento no hubiera existido.
21 febrero, 2012
Cuerpo retorcido.
El pecado de ser igual pero verte diferente,
esa carga que nunca dejará de crecer en tu espalda y tu cabeza.
Sé que cuando te digo amor piensas en revolución
se que cuando prendes un cigarro piensas en un orgasmo,
cuando miras la televisión estás llorando
que mil veces pudiéndote quedar adentro para cubrirte de esa lluvia que tanto odias
saliste
brincando
a enjuagar tu alma,
a mojarte esos áridos labios
a sentir las gotas entre los dedos,
a tomar, tomar todo lo que pudieras
de esa forma tavez lluvia te diera algo de su bella tristeza
y poder reflejarla
enfrente de todos.
Ríes pero yo sé que tienes miedo.
Lloras pero yo sé que tienes náuseas.
Es tan hermoso tu cuerpo acompañado de tu cabeza
tus brazos acompñados de tus puños
tus golpes aompañados del odio,
y tiras a quien sea que esté en lo alto
porque sabes que el mundo está volteado
y los de arriba deben caer.
La misma piel pero se siente diferente.
Los mismos labios hablando de otras cosas.
Los mismos pies pero con otro rumbo.
Bendito es tu cuerpo retorcido
Con los mismos ojos mirando hacia una diferente dirección.
esa carga que nunca dejará de crecer en tu espalda y tu cabeza.
Sé que cuando te digo amor piensas en revolución
se que cuando prendes un cigarro piensas en un orgasmo,
cuando miras la televisión estás llorando
que mil veces pudiéndote quedar adentro para cubrirte de esa lluvia que tanto odias
saliste
brincando
a enjuagar tu alma,
a mojarte esos áridos labios
a sentir las gotas entre los dedos,
a tomar, tomar todo lo que pudieras
de esa forma tavez lluvia te diera algo de su bella tristeza
y poder reflejarla
enfrente de todos.
Ríes pero yo sé que tienes miedo.
Lloras pero yo sé que tienes náuseas.
Es tan hermoso tu cuerpo acompañado de tu cabeza
tus brazos acompñados de tus puños
tus golpes aompañados del odio,
y tiras a quien sea que esté en lo alto
porque sabes que el mundo está volteado
y los de arriba deben caer.
La misma piel pero se siente diferente.
Los mismos labios hablando de otras cosas.
Los mismos pies pero con otro rumbo.
Bendito es tu cuerpo retorcido
Con los mismos ojos mirando hacia una diferente dirección.
13 febrero, 2012
Desprendimiento del hipotálamo 'Feat' Maggoz.
Desliza, esas ramas tuyas, hasta mi garganta.
Sorpréndeme mirando el cielo sucio
y anhelando el cariño helado de la muerte en la montaña.
Haz que no quiera irme, que quiera seguirte, dame una tercera pierna, no me importa mucho a quien se la quites.
Pronto el arrepentimiento hará de mi una presa.
En mi mente los rostros, los ojos, las demás piernas que antes he tomado de otros para tí.
El tiempo, redentor de los pecados me ofrece la espada tierna y dulce, invitándome.
Tus dedos deslizantes por mi columna son el rastro del agua que dejó el cauce, ahora seco.
Regálame tu saliva de nuevo, para que se pueda nutrir porque, ¿qué es de el cauce sin agua?, ¿qué es de mi cuello sin tus dientes?
¿Qué sería de mis senos sin los ojos que los miran?
Nada.
Porque al final de las horas, de los roces, de los ahogamientos me queda sólo la evanescente idea de algo que se posó sobre mi frente.
Tal vez tu talón, mientras yo yacía sin fuerzas, reincorporándome al medio.
Ojalá vinieras, y me dejaras como yo te dejé. Así al menos no me pasaría las tardes allagándome el cuerpo, y las noches sin dormir frente a las cenizas azules, que con el tiempo se han hecho la mitad.
-como mis años-.
Maggoz se nombra como una de mis personas preferidas. Aquí el color de nuestros vómitos revueltos.
Sorpréndeme mirando el cielo sucio
y anhelando el cariño helado de la muerte en la montaña.
Haz que no quiera irme, que quiera seguirte, dame una tercera pierna, no me importa mucho a quien se la quites.
Pronto el arrepentimiento hará de mi una presa.
En mi mente los rostros, los ojos, las demás piernas que antes he tomado de otros para tí.
El tiempo, redentor de los pecados me ofrece la espada tierna y dulce, invitándome.
Tus dedos deslizantes por mi columna son el rastro del agua que dejó el cauce, ahora seco.
Regálame tu saliva de nuevo, para que se pueda nutrir porque, ¿qué es de el cauce sin agua?, ¿qué es de mi cuello sin tus dientes?
¿Qué sería de mis senos sin los ojos que los miran?
Nada.
Porque al final de las horas, de los roces, de los ahogamientos me queda sólo la evanescente idea de algo que se posó sobre mi frente.
Tal vez tu talón, mientras yo yacía sin fuerzas, reincorporándome al medio.
Ojalá vinieras, y me dejaras como yo te dejé. Así al menos no me pasaría las tardes allagándome el cuerpo, y las noches sin dormir frente a las cenizas azules, que con el tiempo se han hecho la mitad.
-como mis años-.
Maggoz se nombra como una de mis personas preferidas. Aquí el color de nuestros vómitos revueltos.
28 enero, 2012
'Da bus stop'.
Nunca he renegado de mi evidente mala suerte. A dios siempre le ha gustado reiterar su odio con escupitajos de ácido directos a la cara. Toda mi vida era un cúmulo de tal mala suerte que de la forma más inverosímil en cuanto daba vuelta en una esquina me esperaban los desechos fecales de algún perro para embarrarse en mis zapatos, que el lazo de mi bolso se enreda casualmente con mi cinturón, de la manera más estúpida, que podría parecer, en verdad, imposible, pero que a mí me pasa.
Es que no es extremosidad, en verdad tenía que hacer un pequeño experimento.
Fui ahí, a ese lugar que tanto odiaba, donde mi mala suerte se hacía notar en su máxima expresión: la parada del camión, naturalmente cuando iba llegando se estaba yendo el camión que estaba a punto de esperar por media hora como mínimo (si es que dios estaba ocupado en cosas que se ocupan los dioses) pero con un máximo irracional. Un día antes de este experimento me pregunté: ¿Quiere decir que todos los que esperan el camión cuando estoy yo tenemos mala suerte? ¿O de algún modo dios los recompensa a ellos por mi estupidez? llegando a la conclusión que a cambio de esperar el camión con semejante ser, se deben encontrar monedas (que yo habré perdido alguna vez) o deben de tener el día perfecto (que nunca tuve). Volviendo al tema del mentado experimento, me paré y después de los sentenciados treinta minutos y otros diez, harta de estar parada y retrasada grité: ¡Si cuando deje de gritar aparece el camión yo pago el pasaje de todos aquí!
No tengo que decir más para que sepan que dios no se olvidó de mí...
Es que no es extremosidad, en verdad tenía que hacer un pequeño experimento.
Fui ahí, a ese lugar que tanto odiaba, donde mi mala suerte se hacía notar en su máxima expresión: la parada del camión, naturalmente cuando iba llegando se estaba yendo el camión que estaba a punto de esperar por media hora como mínimo (si es que dios estaba ocupado en cosas que se ocupan los dioses) pero con un máximo irracional. Un día antes de este experimento me pregunté: ¿Quiere decir que todos los que esperan el camión cuando estoy yo tenemos mala suerte? ¿O de algún modo dios los recompensa a ellos por mi estupidez? llegando a la conclusión que a cambio de esperar el camión con semejante ser, se deben encontrar monedas (que yo habré perdido alguna vez) o deben de tener el día perfecto (que nunca tuve). Volviendo al tema del mentado experimento, me paré y después de los sentenciados treinta minutos y otros diez, harta de estar parada y retrasada grité: ¡Si cuando deje de gritar aparece el camión yo pago el pasaje de todos aquí!
No tengo que decir más para que sepan que dios no se olvidó de mí...
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